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INTELIGENCIA SEXUAL EN PAREJA

INTELIGENCIA SEXUAL  EN PAREJA
LLAMA PIDE CITA 251 04 41

TERAPIA DE PAREJA GESTALT. EN CANCUN

martes, 19 de abril de 2011

LA FRECUENCIA EN LAS RELACIONES SEXUALES. LLAMA PIDE CITA 251 04 41 EN CANCUN.


Deja la lujuria un mes y te dejará ella tres (Refrán popular)
"Cuidado con el sexo... que es victima de la ley de la POCA frecuencia" D. Meyer


Sabemos que el deseo sexual generalmente disminuye – hasta cierto punto - con la edad y con la duración de la relación. Sin embargo, también sabemos que, después de haberse alcanzado esa disminución relativa, muchas parejas se estabilizan en una frecuencia de aproximadamente dos coitos semanales y mantienen dicha periodicidad por décadas. Una posible explicación la encontramos en la denominada “ley de Fisher”.
Según B. Fisher, destacado investigador canadiense, mientras más relaciones sexuales tengamos, mayor será la cantidad de sexo que nos pida nuestro cuerpo y, viceversa, mientras menor sea la frecuencia, menor será el deseo sexual. Cuanto más interactuemos con nuestra pareja de una manera sensual, táctil y afectiva, mayor será nuestra predisposición neuronal a sentir deseo. En este sentido, la sexualidad no funciona como otras apetencias físicas. Por ejemplo, si ingerimos alimento bien seguido, nos sentiremos saciados y, por el contrario, si pasamos mucho tiempo sin comer, tendremos una sensación de hambre que no disminuirá precisamente con el paso del tiempo. En cambio, hombres y mujeres tienden a masturbarse más frecuentemente cuando están practicando sexo más seguido con su pareja, en vez de cuando lo han realizado n formas más distanciada.





En otras palabras, nuestro organismo tiende a condicionarse a la cantidad de actividad sexual a la que lo habituemos. Si estábamos acostumbrados a una cierta cantidad y ésta disminuye abruptamente, sentiremos inicialmente un acrecentamiento de nuestro apetito sexual; sin embargo, si no lo satisfacemos, a la larga nuestro cuerpo se ajustará a la nueva frecuencia. Si no practicamos ninguna actividad sexual por un largo período,incluso el deseo sexual puede llegar a virtualmente desaparecer.Similarmente, si hemos aumentado la periodicidad usual, en vez de sentir menos apetencia, ésta será mayor después de un breve período de saciedad. Es decir, no solo nos adaptaremos a dicha mayor frecuencia, sino que nuestro cuerpo nos pedirá más. Al analizar la fisiología del deseo sexual podemos comprobar que los centros cerebrales que lo desencadenan son los mismos que se activan al consumir cualquier droga (Doidge, 2008). Por lo tanto - en términos fisiológicos - el grado de deseo sexual va a depender de su "consumo"; es decir, a más relaciones sexuales (satisfactorias) mayor deseo.



Por lo tanto, si por algún motivo se ha producido un distanciamiento relativamente prolongado en la pareja, la libido tenderá a disminuir. Puede que, inclusive, aunque sean superadas las condiciones que provocaron la distancia, el deseo no vuelva, como si el sexo hubiese dejado de estar presente en sus vidas. Es posible que ellos se amen, se comuniquen y la pasen muy bien juntos, pero no reaparece la pasión.
Si la ley de Fisher fuese correcta, entonces se podría reconsiderar la mala fama que tiene el sexo programado y “rutinario”. Hemos escuchado hasta el cansancio que el sexo espontáneo es mejor y que hay que huir de la rutina, innovar lo más posible, por lo  que hay que variar los días, horas y lugares en que se tiene relaciones sexuales. Sin embargo, la opinión de la mayoría de los sexólogos apunta a que la sobrevalorada espontaneidad es más bien un atributo de la adolescencia y juventud temprana, así como de los primeros tiempos de vida de la pareja. Hay quienes además ponen hasta ésto en duda y sostienen que en los inicios de la relación en realidad se planificaba con detalle cada encuentro sexual para que fuese más placentero (p.e. cuando se ponían de acuerdo en ir a un motel).



Así que estamos ante uno de los tantos nuevos mitos sexuales. Tal como lo expresa Esther Perel (2007), el mejor sexo en pareja es premeditado, voluntario e intencional. Si no se programa, puede que desaparezca, porque la época de la espontaneidad ya pasó. Efectivamente, fuera de que es muy difícil que los dos miembros de la pareja tengan deseo sexual al unísono, en la vida agitada y llena de actividades que solemos llevar, especialmente después de la llegada de los hijos, no queda otra que ponerse de acuerdo para encontrar los momentos más apropiados para hacer el amor, los que probablemente van a ser casi siempre los mismos, el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar. Así que una pareja que esté llevando a cabo ciertas prácticas y posiciones de un modo que les es satisfactorio a ambos, no tendría razones para tener que modificarlas. Las posibilidades de innovación o de idear formas de huir de la rutina, son generalmente finitas y muy acotadas (especialmente dentro de la vorágine de la vida actual), por lo que se agotan rápidamente. 

   
En este punto se puede retrucar que ¿cómo vamos a tener sexo si no tenemos ganas?. La respuesta está en que, si inician la actividad sexual aún sin deseo espontáneo, en la mayoría de los casos el deseo receptivo o reactivo se hará presente. Estamos así apelando a la capacidad de (auto)provocar(nos) la excitación. Recordemos que el mantener actividad sexual con cierta frecuencia favorece la conservación de las respuestas fisiológicas normales necesarias para su adecuado funcionamiento. Una actividad sexual frecuente eleva los niveles de hormonas sexuales (en los hombres la barba es más abundante durante los períodos en que en que está practicando una mayor actividad sexual) e, inversamente, cuando pasamos por momentos célibes o cuando nuestra salud está deficiente, los niveles de nuestras hormonas sexuales disminuyen, reduciéndose nuestra libido.




Pero volvamos a la ley de Fisher. Dado que nuestros organismos son maleables y el deseo sexual se ajusta a la frecuencia con que practiquemos los encuentros con nuestra pareja, es de suponer que, cuando se aproxima el momento en que estamos acostumbrados a tenerlos, nuestro cuerpo - previamente condicionado - se anticipe y empiece a sentir las ganas a priori, poniéndose en funcionamiento el sistema de recompensa apetitivo de nuestro cerebro, el del placer anticipatorio. (Como el deseo puede iniciarse al “pensar” en ello, cuantos más momentos dediquemos a fantasías o ensoñaciones eróticas, mayor será nuestra propensión cerebral a querer ese algo). En estudios tipo encuestas, la mayoría de los entrevistados que reportan estar muy a gusto con su vida sexual, afirman que la programan casi siempre en los mismos días y a la misma hora.        
Doidge, Norman / El Cerebro se cambia a sí mismo / 2008
Perel, Esther / La inteligencia erótica: claves para mantener la pasión en la pareja / 2007


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DISFUNCIONES SEXUALES. TERAPIA DE PAREJA SEXOLOGIA EN CANCUN .LLAMA 251 04 41










Disfunciones sexuales femeninas:
Vaginismo.


Es un espasmo o contracción, intensa y a menudo dolorosa de los músculos que rodean al conducto vaginal. En los casos más graves, la introducción del pene es imposible; en otros casos más leves los espasmos vaginales sólo dificultan la penetración o la hacen muy dolorosa –dispareunia-. Una vez descartada la causa orgánica, nos quedan sólo las causas emocionales o psicológicas. 


Disfunción orgásmica
La disfunción sexual orgásmica o anorgasmia es la dificultad o imposibilidad para alcanzar el orgasmo. Es una de las dificultades más habituales y existen variedades; algunas mujeres son capaces de obtener placer y orgasmos por medio de la masturbación y otras en cambio nunca han llegado a tenerlo. Las causas de la anorgasmia pueden ser orgánicas pero la mayor parte de los casos tienen una base psicológica y son consecuencia de problemas emocionales o sencillamente de una falta de aprendizaje. 
Falta de deseo sexual
Cualquier persona es vulnerable a presentar una falta de deseo sexual –deseo sexual hipoactivo- en cualquier etapa de su vida adulta. Este trastorno afecta a hombres y mujeres, y puede deberse a una variedad de causas orgánicas y psicológicas. Generalmente, la aparición y desarrollo de este tipo de sintomatología tiene sus orígenes en  la ansiedad, la depresión, las experiencias traumáticas o los problemas de relación.
  

Disfunciones sexuales masculinas:
Impotencia
En términos generales, la impotencia o disfunción eréctil es la incapacidad del hombre para conseguir una erección adecuada, tanto en fortaleza como de tiempo, que posibilite la penetración de la vagina, logrando así una culminación sexual satisfactoria junto con la eyaculación.  

Eyaculación Precoz
Se considera precoz a la eyaculación que se produce antes de que transcurra el tiempo necesario para satisfacer sexualmente tanto al hombre como a su pareja. En raras ocasiones este problema tiene una base orgánica, como determinadas enfermedades y condiciones físicas o neuronales, la ingesta de drogas o el glande demasiado sensible debido a una irritación. Por lo general, la eyaculación precoz surge por factores psicológicos o emocionales y de aprendizaje.

Eyaculación Retardada
Es una inhibición del reflejo eyaculador, por lo que el hombre se ve imposibilitado de eyacular total o parcialmente en un período más o menos prolongado, durante la relación sexual o mediante la masturbación. Las causas pueden ser psicológicas o emocionales, como el miedo a dejarse llevar por la relación, el temor al embarazo, la aprensión a ser dominado o a perder el control y a prejuicios morales, entre otras.
Falta de deseo sexual
Cualquier persona es vulnerable a presentar una falta de deseo sexual –deseo sexual hipoactivo- en cualquier etapa de su vida adulta. Este trastorno afecta a hombres y mujeres, y puede deberse a una variedad de causas orgánicas y psicológicas. Generalmente, la aparición y desarrollo de este tipo de sintomatología tiene sus orígenes en  la ansiedad, la depresión, las experiencias traumáticas o los problemas de relación.
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